Dilema

– Así no puedes seguir.  Yo que tú iba y le pedía una definición. Sí o no.

Ella calla, sabe que todos tienen razón, pero el dilema es de su posesión.

Se viste, se arregla, se mira, se sabe hermosa…Alcanza casi los treinta y después.

Entra en ese edificio, donde el granito negro soporta los grandes ventanales, que reflejan el eterno transitar, de esa marea humana. El brillo y el sol la enceguece.

Se siente fuerte y enerme al mismo tiempo.

Y si le dice que no..No.. a dejar a su familia y a sus hijos, a poner en riesgo su posición, a esa aventura vacacional, de sexo esplendoroso, de llovizna dorada.

Se detiene, guarda en el bolsillo de su blanca chaqueta, el no negro, el imposible, el difícil. Cierra la lengueta y lo aprisiona con su mano.

Entra con ese desconocido grupo al ascensor de los pisos impares, pero solamente está atenta a no permitir la fuga del prisionero.

La recepcionista la detiene.

Tiene que decir el nombre y apellido, y lo que levantaría la barrera, sería

– Tiene usted hora asignada?

– Su resplandeciente rostro dice – No..

En ese momento siente un movimiento en su chaqueta, dejó su mano en movimiento, y el cautivo se esfumó.

Vuelve al recorrido, vuelan sus ensueños, se rompen los abrazos, se esfuman los susurros, se aquietan sus manos.

No puede esperar día hora, estrechando días.

Legó un dilema, lo demás está saldado.

Foto de Stella