Perdiendo límites.

 

Foto de Stella.

Foto de Stella. Jardín Botánico.

La tarde con un sol de vino, sobre las copas de los árboles, presta oídos a quien en ese estar sin hacer nada, deja que la lengua baile presta.

–  Además de parecerse a una aspirante a la medianía, yo la consideraba una pazguata a la mujer del tío Goyo, hasta que se casó con él.

– Es Cintia la que murió la semana pasada?

– No, me refiero a la primera mujer, ustedes no la conocieron. Se llamaba Celeste.

– El tío Goyo, es casi centenario, mamá siempre comenta que no sabe como vive, con doscientos kilos de grasa?, pregunta uno de los jóvenes, y se ríen de la vejez, y del tío abuelo gordo que no conocen.

– Cuando se casó era un hombre de aspecto corpulento, que imponía, porque era muy alto. Era un inocentón, por éso se casó dirían en mi época, en un tris.

Hace un chasquido con los dedos.

– Creo que lo impresionó, la blusa blanca, la larga falda gris, y unos lindos ojos castaños.

– Mucho antes de haber empezado la dictadura, ella dejó de estudiar, diciendo que era imposible hacerlo en ése revoltijo en que estaba la enseñanza. No se discutió el tema, él era el dueño de casi todo.  Nadie pensó, o todos pensaron en el dinero que se evaporaba del tío Goyo..

Se detiene, junta los recuerdos y los mezcla, se sabe parte de los mismos, y casi susurra..

– Después de casarse, Celeste comenzó a cambiar, dejaba de cerrar los primeros botones de la blusa, acortó la falda, y comenzó a subirse a unos tacos de diez centímetros. Una vez me la encontré en la calle, se había recogido el cabello hacia un costado, le miré los ojos, vi la soledad sin compañía y en ése mismo  instante quedé flechado. Me pasaba pensando en ella cuando me levantaba y seguía con ella en la cabeza hasta acostarme. Soñaba ese sin sueño, la veía mía, y por mucho tiempo odié sin querer al tío Goyo.

– Te enamoraste de ella, a nuestra edad ? Yo estoy arreglado con, …y a mi me gusta una de tercero…y a mi la hermana de un amigo..

No escucha, se posesiona, recuerda lo que quiere, se siente joven.

– Ella se metió con amigos barbudos, y mujeres guerreras, que repartían panfletos y cobraban peaje.

– Y el tío Goyo, no hizo nada ?

– Nada que nosotros sepamos. Yo seguía con la obsesión, me sentía un desgraciado, cuando tuve la infeliz idea de escribirle unas líneas..

–  Porque no la llamaste por teléfono, era más simple.

–  Porque nadie podía saber que era yo el que escribía.

Los jóvenes se miraron, se hicieron señas entre ellos, y se rieron . Hacía tiempo que nadie contaba la historia de esa manera.

– Tomé un papel cualquiera y escribí…Me quiero acostar contigo… Estaba seguro que ella gustaba de mí..Puse la hoja entre las persianas de la casa, porque yo sabía que ella era la única que las abría. Al otro día, lo que menos esperaba sucedió..

– Te pescó el tío Goyo?  – Celeste descubrió que eras tú, y te dijo que sí!   Eras  bravísimo!

– Ella escribió en el mismo papel, unas palabras que decían así de claro…Anda a cambiarte los pañales..y la pasó por debajo de la puerta.

De casualidad dí con la nota, pero ésta vez dirigida a mí, porque no sé que explicación hubiera dado.

– Era mayor que tú, te dijo bebe meón…y que pasó?

– Lo que yo quería no sucedió, y no pudo suceder porque se tuvo que marchar de apuro a Suecia, porque vino el golpe de estado,…

– Y el tío Goyo? Seguro la siguió.

– No la pudo o no la quiso seguir, creo que se sentía liberado, aunque lo llevaron preso, por las dudas..Fueron unos meses horrendos, pero el los festejaba…Y cantaba..Victoria! Saraca, victoria! Pianté de la noria; Se fue mi mujer!

– Y tú supiste algo de Celeste, no la seguiste, no la llamaste?

– Yo era menor, vacilé y no tenía ni un peso. No supe nada de ella, pienso que debe haber muerto de  indiferencia.  En la época de la dictadura, muchos se enredaron con las ideas, y no sabían a donde ir. Hubiera sido una excelente maestra para mi, porque no saben cuanto la deseaba.

– Era mucho mayor que tú? Le preguntan azorados los jóvenes.

– Tenia diez años más que yo. Lo último fue lo más inesperado.

Silbaron al unísono.

Abuelo te pasaste de rosca!.La abuela sabe lo que estás diciendo?

– Lo sabe y no le importa, porque dice que todo quedó en la familia. Celeste es hermana de la abuela. Eran muy parecidas!

Entonces por eso te casaste con la abuela?

El narrador calla. Los ojos se ven pequeños, sonríe a apenas, deseando imposibles. Ha perdido los límites.

Los nietos lo abandonan y le gritan  ¡Abuelo queremos conocer antes de que se vaya al tío Goyo, debe ser genial!

Mientras el sol que los acompaña, oculta su morado en el ramaje de la historia leudada.

 

Foto de Stella. Casa de Vaz Ferreira,

Foto de Stella. Jardín de la Casa de Carlos Vaz Ferreira, Día del Patrimonio.

  • Tris-Tiempo muy corto u ocasión muy cercana.
  • Tango Victoria.Victoria! Saraca, victoria! Pianté de la noria; Se fue mi mujer!  Letra de Discépolo.

 

 

 

 

 

 

10 pensamientos en “Perdiendo límites.

    • Sabes son cuentos olvidados, pantallazos de lo vivido, de personas que con los años suelen recordar.
      Un abrazo de 31 grados a la sombra.

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