Al Bies.

 

 

 Trozo de tela cortado en sesgo respecto al hilo que se aplica a los bordes de prendas de vestir.

al bies loc. adv. En sesgo, en diagonal:

 Como decimos por acá,  “necesitas un brujo que te quite las malas vibras y que te cure de espanto, vete a catemaco “

P1010320Trabajo de filtros. Adobe Firework. ..Stella.

 

Me veo, adolescente, repleta de versos, carente muchas veces del sentido común,  sabedora de mi ignorancia.

Montevideo, con sus grandes tiendas, los registros proveedores de las telas importadas, con rollos de un metro cuarenta o más de ancho, formando escaleras de colores, del piso al techo.

De los ojos, a las yemas de los dedos, a las reglas centimetradas, a las tijeras, y como final el bolsillo de diferentes capacidades.

El vendedor desenvuelve la tela, sobre la larga y sobria mesa lustrada, la magia del color, las luces de las mostacillas, el levantamiento del cloqué, las filigranas de los encajes, los lunares, las tersuras del raso o la pana, los rayados, el imposible envejecimiento de la seda natural…Los jardines floreados de una primavera sin fin.

Los  álbumes con recortes de tela, por si no encontrabas en ése mundo exquisito la de tu gusto. Desde jóven te llevaban a saber  diferenciar, lo que es fino y acertado, a lo vulgar y repetitivo.

~…Traemos ésta pieza solamente….tengo un corte de un metro sesenta y cinco, exclusivo, único…

Todo un regocijo para los ojos, y si te acercas, tienen diferentes fragancias, como sus texturas. Oler y tocar para creer.

Ahí aprendí lo que es una tela con caída.

El rollo alto, el que tú elijas, el color de tu agrado, el que pueda tu faltriquera, o tu arrojo entre la lucha de hacer lo debido, o mandarte la locura única, irrepetible. O eso crees.

Dejas caer desde lo alto la tela, la agitas suavemente, le das aire por atrás, por el costado, y luz por delante.

No cometas mi pecado de juventud, no tomes la tela por uno de sus bordes, no la estires, se pliega en el medio y pierde prestancia en la caída.

Dicen los que saben, que el hombre es el único en su especie que tropieza dos veces en la misma piedra.

Pues bien, estiré la tela, hice un giro de tampolín, y corté al bies, usando como regla centimetrada, mi cara.

Perdí en la caída; con las costuras sesgadas, pero a no bajonearse, quedé para el asombro, con colores únicos intensos, en degradé, y al boleo.

Estoy para el Solís.