Nos hablan

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El mirar y no ver, el no saber lo que se tiene, lo que  no es mío, no me importa, lo que se pierde no se llora, lo que no duele no existe; ha llevado a que tengamos según estimaciones publicadas, 46.000 casas abandonadas en la ciudad de Montevideo..

Los juicios, los bienes compartidos, las deudas, las especulaciones, las herencias, la titulación, la desidia, el desconocimiento, la ignorancia, la complejidad de la ley, ha llevado a que desde mi andar con mucha rebeldía, llevara a mi sitio,  XI relatos cortos sobre casas abandonadas, desde mansiones, hasta taperas.

La mayoría de los relatos contaban historias acontecidas dentro de sus paredes. Hoy acerco el susurro de una casa.

 

Casas abandonadas XII:

Hoy era el gran día. En un salón instalado en una antigua casa de la Ciudad Vieja, se efectuaba el remate, se decidiría  el destino de una residencia de dos plantas, situada en el corazón del Prado.

No se pudo con el alquiler o la venta. Al mejor postor, la hermana de las mejores de la zona, la prima de las casas quintas, y la tía lejana de la Iglesia de los Carmelitas, se le daba dueño al golpe del martillo.

Por causas que no vienen al caso, descuidó como dama su belleza. Dejó, o no la ayudaron y permitieron que su piel se arrugara, que por falta de pintura su boca perdiera su color y sus ojos, esas grandes ventanas, al faltarle las  marquesinas cejas, y pocas vidriadas  pestañas, fuera la oculta oportunidad para que don óxido, hiciera de las suyas.

Perdió el recato con la substracción de sus persianas, y dejó de lado sus orígenes ilustres con el cerramiento con bloques de su amplio garage. Las resistentes flores fueron pocas,  nada más que las necesarias en el jardín, para que compartieran su agonía.

Sólo la reja sobre su muro, habla y comenta, de su momento grandioso de privacidad. Cuando desde un timbre de bronce, se pedía permiso para entrar.

Muchos la habían visitado, criticado, apabullado con futuras reformas, entró en crisis con comentarios como – Muy alto el techo, muchas piezas, no tiene placares, muy grande la despensa, muy chica la cocina, mira que horror, bañera con patas de león.

La vieja dama, sintió cuando los autos llegaban, las voces, las risas, los pasos.

Se despertó de su modorra, llamó a los azulejos portugueses, a los mármoles de carrara, a las aberturas de cedro, a las puertas talladas. Se adhirió a los chapones, hizo sonar la campana.

Pero una voz anónima la devolvió completamente a la vida, casi sin tocarla, diciendo solamente.

– Martín, viendo nada más que la escalera de la entrada, el macetón y las marquesinas, te digo que  – Hoy compramos la casa soñada.

Y los niños corrían sobre el parquet de taracea, diciendo.

– Mamá el piso tiene dibujitos, y el techo tiene reglas largas con hojas y uvas.

– Papá la casa tiene como la iglesia, una virgen y una campana.

Las casas sufren, entran en estados depresivos, pero sueñan, lloran, aman y se despiertan sonriendo con las voces que halagan, y nos cuentan historias olvidadas, mientras nos hablan.

 

 

Foto de Stella.

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12 pensamientos en “Nos hablan

  1. -> que nos haces revivir con tus relatos e historias.
    Posdata: Me fije que en mis estadisticas me apareces como que no te estoy siguiendo, pero a mi si me llegan todas tus entradas. Creo que los sitios de internet funcionan por algoritmos numéricos, como en youtube que cuando buscas una opción, te aparecen múltiples del mismo estilo. (Quizás tu blog ya lo tiene bien identificado mi reader ).
    Un cordial saludo y mis mejores deseos.

    • A mí no me llegan tus escritos, aunque me dicen que te estoy siguiendo.
      Voy a entrar en tu Blog, mañana con más tiempo y después me comunico nuevamente.
      Un abrazo y hasta pronto.

      • Efectivamente, cheque en el apartado de comentarios en mis estadisticas y todos están marcados con [siguiendo], excepto tu. No se a que se debe..
        De cualquier forma no estoy publicando más que 2 entradas por semana, aveces 3.
        Te seguiré visitando regularmente. Un abrazo-

    • Tienen alma, yo de eso estoy segura.
      Bueno Joaquín, no creas en mis seguridades. Pero que algunas vuelan y otras hablan, y cuentan historias, yo voy por la docena….
      Un abrazo fuerte,y hasta pronto.

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