Igual que tú.

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Foto de Stella.

Despertó  una mañana azul de sol redondo y perezoso, después de haber llovido tres días seguidos.

En el jardín las primeras florcitas se adherían a los muros, anunciando días mejores, y aprisionando la humedad en sus fisuras.

Las lavandas, pequeñas y tupidas, se hacían casi polvo entre las manos inconscientes. Se toca, se huele, se machaca, se ensucia.

De que color es la curiosidad ? Tiene el color de la rareza y puede ser saltamonte, hormiga, cascarudo, y muchos más, y  es pegajoza como la baba del caracol.

Marita…llamó la niñera.

Marita…Maritaaa.

Ante la desesaperación de los llamados, apareció la niña.

– Donde estabas, que no respondías, vamos para adentro que tienes el desayuno servido.

Blanco, el mantel, el pan, la leche, la manteca. Granate la mermelada, las yerberas, las sevilletas. Amarillos los platos, las jarras, las fuentes, las pantillas. Oscura  la torta de chocolate, y los pensamientos.

El gato pequeño y negro maúlla.

La soledad que color tiene ? Es casi gris como el aislamiento y  la reprimenda.

– No lo toques que te acabas de lavar la cara y las manos. Fuera de aquí, vete shifff…

– Es mío no lo lo eches, es mío..

– Valiente juguete te has buscado, para eso tienes la Barby, los peluches, la bici y ya  no sabes que hacer con ellos. Los gatos no se apretujan ni se abrazan, arañan, pueden morder,  y traen enfermedades.

De qué color es la incomprensión ? Tiene el color del desapego, de la lejanía.

Se sintió la puerta, y la voz profunda llamaba.

– Maritaaa  llegué mi reina.

– Papi..papi..llegaste, mira que lindo gatito negro que tengo.

– Primero un abrazo. De donde sacaste un gato y negro ? Los gatos negros traen mala suerte.

– Señor, no tengo nada que ver, ya lo eché pero no sé, la niña lo llama y vuelve..dijo la mujer.

Qué color tiene la voz de la infancia ? Tiene un color que no se olvida, rosa, verde, celeste, el color que tú indiques , quizás ?

La niña acorralada habla atropelladamente.

– Qué es mala suerte ? – Si quieres te lo presto un ratito, pero es mío, me lo regaló la hiedra del muro, y ahí estaba, solito en un rincón, porque su mamá lo dejó y su papá se fué de viaje. Es limpito, le enseño a tomar leche y a comer plantillas.  Se llama, a que no sabes como se llama ?

– Dime como se llama.

– Se llama igual que tú. Así cuando te vayas a la oficina o de viaje digo tu nombre y él se acerca y baila a mi alrededor. Sabes papi el siempre vuelve igual que tú.

De que color es el pesar ? Tiene el color del remordimiento, del gozo perdido, de lo por ganar..

10 pensamientos en “Igual que tú.

  1. Tu texto es ternura. Meterte dentro de una niña y decifrar sus emociones dándoles un color, un sentido. Bello texto que sobrecoge por su sencillez y que se abre a la epifanía un abrazo y un beso, querida amiga Rub

    • La niña, solitaria, la de los juegos en el jardín. La que ensucia, destruye, crea, ama, reclama, exige..
      Quise darle al entorno color, para que la incomprensión fuera más notoria.
      Muchos padres tendrían que hacerse la última pregunta.
      Gracias Rub. Un fuerte abrazo.
      Hasta pronto.

  2. ¡Qué maravilla, querida Stella!!, cuanta ternura desprenden tus líneas… te he leído embobada, atrapada en ese mundo de sentimientos y colores 🙂
    Deberíamos escuchar mejor los niños, suelen ser muy buenos profesores.
    Eres increíble, no dejes nunca de deleitarnos con tus escritos y tus fotografías!!
    Miles de besitos con todo mi cariño para ti!!!

    • Creo, si no me equivoco que tienes, al menos un niño chico.
      Sabes lo importante que son para los pequeños, los padres en primer lugar y los juegos con seres vivos. Nosotros tuvimos una gata y un conejo. Creo que se deben de acordar ellos lo que significó de manera especial la gata.Para decir la verdad, para todos nosotros.
      Gracias por alentarme. Muchas gracias querida.
      Hasta pronto, desde lejos. desde cerca, desde el corazón.

      • No te equivocas cariñico, en mi vida existe una bebita muy especial 🙂
        De pequeña también tuve un gato, y nunca olvidaré los momentos que compartí con ese animalito que me hacía compañía incluso cuando tenía que guardar cama por alguna enfermedad. Mamá no quería que subiera a los dormitorios, así que cuando la escuchaba subir las escaleras, de un gesto rápido, lo escondía a mis pies dentro de las mantas, jejej, ¡y como si me comprendiera, no se movía hasta que yo lo rescataba!!
        Dulces recuerdos de niños… el evocarlos para compartirlos contigo ha dibujado una sonrisa en mi cara 🙂

        Besitos!!

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