Si No Hubiera Sido Por..

A pedido de Mauro..

Ese ser como sustancia

Breve crónica a mi andar. Seis años hermosos de mi vida los pasé aquí.

Foto de Stella.

Foto de Stella.

Una semblanza de la Voz.

Cuando conocí al profesor, era una ruina. Altísimo y flaco en eterno ayuno del bolsillo, magro hasta decir basta.  Antes de entrar a clase se sacaba su gacho y para peor tenía la idea que tapando la pelada, con un peluquín,  podía agregar algo de eterno soñador a su figura. En invierno, usaba un largo sobretodo cruzado, sus ambos a cuadritos, en grises y marrones, sus camisas de puños gastados con gemelos de nacar, se relogiaban con  sus corbatas alternadas y repetitivas, sujetas para evitar su vuelo, por un pim que era una pequeña avioneta.

Lucía  en la bohemia de los sueldos  de hambre.

Olía a tabaco , aunque ése pequeño vicio lo dejaba para cuando salía del salón. Recuerdo su tabaquera de goma, redonda y fruncida en una vuelta , sus hojillas, y ése empeño tan peculiar de hacer el pucho recostado a la pared, prendiendo el yesquero  a bencina. Su gran reloj  pulsera con correa de cocodrilo, al que cada tanto colocoba en posición de firme con sus dos dedos amarillos de nicotina.

Un timbre varonil, profundo, una cadencia al decir, y al hacer las pausas, que hacía que se fuera todo él y dejaba la voz como garantía.

Una reflexión filosófica estudiada por él podía ser espléndida, pero dicha por él inolvidable.  Era irónico y divertido. Sus clases colmadas decían de su saber al enseñar sin límites, con algo valorado muchísimo por nosotros, sin juzgarnos, ni al equivocarnos.

Le llamaban la Voz,  parodiando a Sinatra.  Siempre pensé, si fuera más armonioso su  andar, más corpulento, con menos armazón sus lentes…

Lejos habría  dejado a cualquier actor, de la mano de algún poeta, o navegando en los versos dichos y sentidos, en ese ser como sustancia, casi desconocido del alumnado.   Si se hubiera sacado a tiempo el sombrero.! Podría haber sido  una mezcla  de Yul Brinner, con la voz insolente de Marlo Brandon.

Su auto era tan pequeño, que entraba en tandas, casi quedaba con las piernas encongidas, desiguales para el freno y el acelerador, le faltó una larga chalina para ser el retrato nostalgioso de una época olvidada.

Con el tiempo  perdió, se agotó su voz en la tos, y en sus últimas clases,  dejó en el olvido el peluquín y pasó ;  los que entraron por la Voz, no la encontraron y los que lo hicieron por la rutina lo desconocieron.

Foto de Stella

Foto de Stella