Una valla imaginaria.

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Crónicas a mi andar.

Hoy comento mi asombro, porque un parque que camino siempre, que lo visito como si fuera una casa querida, me regaló algo diferente.

Los ojos ven muchas veces lo que la mente le indica, lo habitual. Esta vez, fué el olfato, no olía a ningún perfume agradable, olía a tierra seca, árida.  Y ahí, cómo si fuera una barrera, estaban los troncos, algunos secos, de las leñosas  plantas.

Una valla imaginaria, alta,  gris, oscura , carente de vida, tallada a gubia en láminas verticales, dura como piedra, separaba, cortaba la visión.  Su espacio era total, no permitía compartir nada, ni el tacto, porque las espinas inclinadas miraban regordeándose a la tierra colorada.  Era el lugar final, cuando se secan las raices, y se anquilosan  sus tejidos  y dejan de subir los fluídos de la savia que le dan el  sustento.

En cada vuelta,  ángulo, espina, o  poda, se sostenían  adosadas unas contra otras,  una historia, una narración,  una pasión, una poesía, un mero trabajo, un sueño,  una pérdida de tiempo.

Tan igual a la conclusión , que lo quise captar en éstas imágenes, no porque piense en la tristeza que produce, sino en el ejemplo que traduce.

Ah. !  Se me olvidaba uno de ellos  sostenía  en unos de sus bordes en un acto de amor,  una maleza que utiliza cualquier elemento para su fijación  es decir un clavel del aire.

Foto de stella.

Fotos de stella.

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