La quinta duerme.

P1060201Foto de Stella.

 

Planteamiento.

La quinta duerme con  sopor  la  siesta de enero, cuando el sol aplasta a la tierra y la apisona en  sedientas grietas.

Un muro perimetral y su reja, cierra el frente y en parte los laterales. El portón soporta malamente  a la cadena y  los candados, y el cartel colgando desde un aro de Cuidado con el Perro en blanco y negro avisa, que un viejo can espera que alguien se acerque a darle agua.

La sombra sirve de refugio a las cientos de cotorritas parlachinas, que después cuando sea más tarde azolarán en verde  a los sembrados.

Los granados colocados como cerco, con sus hojas verde brillantes y sus frutos, rojos, marrones y morados, nos esperan.

Una piedra colocada del lado de adentro pegada al muro sirve de pescante. Un paso, dos, tres, y ahí están,  son las últimas granadas  que darán los  árboles y las más añoradas.

Comer desde el árbol el mismo fruto que te ofrece, y golpear su cubierta  en forma de corona , esperando el milagro de sus compartimentos  maduros.

Sabor de niñez, dulce agua, que se desgrana entre los dientes, dejando roja la boca, y pegoteadas las manos..

Nudo

La quinta nunca fué nuestra, las vacaciones sí.

Detenido en el tiempo, suspendido, entre las verdes  persianas que daban sombras fastamagóricas a los pisos de madera de tabla ancha, guardado en forma de recuerdo quedó en algún cajón de una cómoda, o de un alto ropero con luna de bisel, donde se miraban las fantasías de la niñez. Ahí, quedó…De ese lugar salió quedamente el recuerdo.

Desenlace

La memoria somnolienta se desperezaba  al mediodía, y  como un susurro de voces lejanas,  me llegó hasta el corazón.   La sujetaron los  abrazos, y triunfó plenamente la  muñeca ígnea brasa de  eucaliptus.

Cuatro años de  flor, de niñez hermosa, de rapidez en las respuestas, de mirada firme,  escrutadora, y mientras todos reían y festejaban, yo desde un lugar en el jardín  recordaba  algo ocurrido cuando era tan pequeña como ella.

En ése momento  no había logrado copiar  los colores  de las bayas  maduras, fue un regalo que me dió el vivir junto  con  la alegría de su  candidez.

Foto de Stella

Foto de Stella

14 pensamientos en “La quinta duerme.

  1. Es increíble como se reviven los recuerdos…, y se le ponen colores.
    Hermosas las fotos Stella, me encanta la similitud de los colores… y ese cabello rojo… hermoso.
    Te dejo un gran abrazo.

  2. ¡Una maravilla de relato querida Stella!, cuantos sentimientos brotan a lo largo de su lectura… y también en tus respuestas a los comentarios 🙂

    La vida a veces nos hace regalos tan preciados como esa belleza de pelo rojo que no solamente te hace feliz por su existencia, si no que a su vez te obsequia viajando a tu lado por el túnel del tiempo… de su mano recorres el mismo lugar de tu infancia, descubriendo detalles nuevos que te asombran como si los vieses con los ojos de entonces…

    Muchos besitos y feliz semana!!!

  3. El mayor de mis hijos tenía el pelo caoba, heredado por mi marido, que fué sumamente rubio. Pero ésta niña con su color ganó por lejos al rojo intenso.
    Gracias por tu cariño. Pronto subo un cuentito alegre para tí, que tan buenos momentos sabes hacer pasar.
    Un fuerte abrazo.
    Hasta pronto.

    • Tiene nostalgia es verdad, porque son muchos los recuerdos que quedan adormecidos en nosotros, hasta que un color lo lleva hasta la realidad.
      Gracias por mirar mis escritos.
      Un abrazo.
      Hasta pronto.

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