Las supervivientes crasas

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La espera se transformó en inquietud.

Los ojos iban hacia la puerta y fugazmente a la ventana. Cruzaban el patio y el rosa se miraba en  las macetas con sus supervivientes crasas.

El carrillón  sin detenerse  marcó los cuartos de hora, las doce y cuarto,  media, la una.

El  bronce  reflejaba en  la mirilla de cristal, a las personas.

Nadie hablaba, hasta que fué inútil,  llegó la tarde, la nochecita.

Se ablandó la alegría, se estrechó  en la ausencia, las palabras vagaron por la mesa tendida.

Tal vez mañana, o pasado, o el mes entrante, antes del invierno…

Quietud absoluta, de manos cruzadas, de espalda curva, de lentillas de  mirar errante…

Sólo el péndulo da los cuartos de hora, como trozando espacios, como cortando el aire, el de la espera, el de la quietud, el de la somnoliencia.

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La cola del perro

Foto de tella.

Foto de Stella.

El calendario de alta tecnología brincó  a la cuerda iluminando sus números, y marcó el hoy  en rojo.

La torta con velitas, saltando en décadas, decía cumpleaños. El fondant, protestaba ante el peso de los cirios.

Al hombre la cola del perro golpeandole  las rodillas  lo volvió a la realidad como barras de un producto.

Setenta de humano, diez de perro.

La foto solita en un click  subió a la pantalla. Ahí estaba Juanjo, Manuel, y el tercero. Brindaba la cerveza dorada y blanca, desbordando sobre panchos con mostaza.

Se corrigió la imágen, se arreglaron las sombras y los contrastes, y el resaltado  hizo  aparecer manchas de futuro. Lo mejor fué el ajuste automático.

La imágen se enderezó. Se paró ante el odiado espejo azul, el  que te mira en gajos,  y el aire retuvo al vientre, lo empujó hacia adentro en lucha intestina, la papada subió la cabeza, y todos por un rato ganaron la pulseada.

Llegó a la meta el aire, pero al final ganó la tripa ancha   ante la agonía del cinturón. Carrera de obstáculos.

La loción que cierra el poro de la barba decía de la cara afeitada. Olor de trabajo ” in situ.”

Las lentillas saltaron del bolsillo a la nariz, y para ver mejor  reculando,  la reminiscencia peinó la frente y la coronilla en desolada isla. La luz led, le  hacía guiñadas con el ojo izquierdo.

Desde el sitio se oía el ensayo.. Las voces llevaban a las palabras… Dale que ya viene el abuelo.!

Qué los cumplas feliz…abuelo Edu…Pumplas feli…abu…

La puerta abrió la marcha y la primera en llegar fué la cola del perro.

Foto de Stella.

Foto de Stella.