El remitente.

La señora Beatiz Bean ?

-Sí, soy yo.

– Traigo una caja ..el remitente es el  señor Michele Mussi.

– Una encomienda   de Michele ? Una caja ?

– Firme aquí señora, su cédula de identidad y su teléfono.

– Tome.

– Gracias.

Se oyó el ruido del arranque de la moto, y el pasar rápido del mensajero, quedó en blanco y rojo.

Una caja de Michele, envuelta con esmero, y la etiqueta con su nombre,  dirección, y  teléfono.

Beatriz, comenzó a temblar, Michele todavía la recordaba!

Ahí  en el  descanso que daba inicio a la escalera, se sentó y comenzó a despegar el papél por los extremos. Acariciaba ese dibujo a rayas, pero la cinta engomada, hizo que por más cuidado que pusiera, se rompiera en las uniones.

Llegó a descubrir toda la caja.  Se sentía el envoltorio con su  caja de cartón,  se reconocía así como fué ella, burguesa, reservada, bien empaquetada. Una caja cualquiera.

Tenía un hilo fuerte, anudado en la tapa. Luchó con él y no podía  destrabarlo, lo quería correr hacia un extremo, imposible, fué cuando casi la cara pegada a la tapa, con los dientes,  se abrió en retorcido esfuerzo.

Ahora vería lo que había adentro, lo que le mandaba Michel. Cuantos años hacía que no lo veía…Cuantos..más de diez..más de doce..más de quince..más..

Beatriz, diluyo lentamente  sus deseos de saber  el contenido de la caja.

Ella había sido  el regalo de navidad, el de fin de año, el de Reyes..la presentaron envuelta y perfumada, y fué abierta en fiesta de sentidos,  fué en su fina piel, casi trasparente, donde dejó él en los poros, esa mezcla de incienso, y de miel.

Todo lo acontecido, pertenecía a su íntimo ser. Él era de identidad desconocida, en un mundo denso,  una gran equivocación .

Compartirlo nuevamente , sería una fiesta sin sentido,   un sitio sin música, un deseo inconcluso.

Beatriz, tomo el papel a rayas, tan iguales, alternadas las azules con las doradas, como los días de las semanas como los meses, y  los años, tomó la caja con cuidado, volvió a anudar el hilo a la caja, el cual quedó, tenso y húmedo.

Abrió la puerta, y cuando iba a tirar la caja al contenedor,  el  hombre del carrito, un hurgador, de esos que hay tantos en la ciudad, la vió y le dijo

– Si la va a tirar, yo la llevo.

– Bueno, es suya.

– Qué es.

– No sé, la quiere o no.

– La quiero.

Ya cerraba la puerta Beatriz, cuando sintió la voz, del hombre que le decía

– Señora,..señora,  no cierre,  adentro de la caja hay un reloj de hombre ,  muchas fotos y ésto..,   El hombre mantenía en alto una cruz y una cadenita, … la zarandeaba, con asombro..Yo le aviso porque soy honrado. Sabe ?

– Son suyos, como todo el contenido de la caja…son de un muerto…

– De un muerto y tira todo hasta la cruz…! Con su mano izquierda se persignó y comentó…   Pero ésto vale..!

– Valía..

– Gracias señora,… Si tiene más cosas para tirar…ya sabe…me las puedo llevar. Usted y el muerto, me alegraron el día.!

Pasaron más de quince  días, cuando Beatriz al abrir la puerta vió con asombro que el que llamaba era el hombre del carrito.

– Perdone , que la moleste…Sabe fuí a la dirección que decía el papel de la caja que me dió. Una linda casa !

– Usted fué a la dirección del remitente… de Michel ! …qué atrevido!…Para qué..?

– No me diga eso, usted iba a tirar la caja así como estaba, envuelta y todo……..Fuí yo que le avisé del reloj y de lo demás,  usted me dijo que no quería nada, y que todo era de un  muerto. Yo pensé, que algún familiar,  podría querer algo de lo que usted tiraba…Nada más…Pensé me dan algo por el recuerdo  y estamos. Sabe yo no uso reloj, y ese es muy fachero…

– Usted habló con Michel ?

– Doña, cómo voy a hablar con ese Michel si está muerto ? Me recibió una mujer…y yo le expliqué…

– Usted le dijo que yo había tirado la caja con todo…? Beatriz se iba poniendo pálida…Quién era la mujer ?

– Eso no lo sé, es..es.. más o menos como usted, más gorda, no tan linda…La señora no sabe quien es usted,  me preguntó su nombre y le dije.

-Que no sabía como se llama, y que había ido a verla a ella  porque usted me dijo que eran cosas de un muerto…  Se puso más pálida que usted, se quedó muda…Aaa… Que no sabe porqué ? Porque parece que ése Michel, cuando mandó la caja  estaba enfermo…!!

– Y ahora…se mejoró…le dieron algo por  la caja…si  la tiene se la compro…ahora que le parece ésto!  Beatriz, metió la mano en el bolsillo temblando y sacó los billetes que había en el bolsillo,  y se sentó en el descanso.

El hombre salió corriendo, y volvió con la caja y la puso en las manos de Beatriz, que temblaba…

Se ve que usted es adivina, y volvió a persignarse…Se apoyaba en la pared, como si fuera un conocido mientras hablaba.

– Usted me  dijo que estaba muerto, pero si usted lo hubiera llamado cuando le mandó la caja , lo encontraba vivito y coleando…Bueno coleando no sé porque estaba enfermo…Por eso parece que mandó varios paquetes…

– Varios paquetes !

Beatriz estaba tratando de asimilar, todo lo que le estaba diciendo…

– Cuando se murió Michel ?  gritó.

-Cálmese.!  Bien no sé, creo que hace unos  días, pero se ve que no era muy querido ! Usted tira todo lo que le manda y la señora que me atendió no quiso saber de nada de ésto y me dijo…si yo quería ropa, y me dió tres bolsas!    y a qué no sabe ? Me dió un paquete llenos de fotos con marco y todo !

– Habló algo de mí.?

– De usted  nada  si no la conoce. Le hablaba bajito como un confesor.

– Me ofreció hasta la cama del finado, pero como iba solo, no me la pude llevar así, que voy a ir con un cuñado y  la coloco en el carro, y está. Tiene colchón y almohadas.  De  él lo que me dijo fué  ”  que estaba donde se merecía .”

– Tiene las fotos que le dió? dijo entrecortada Beatriz ?

– Las tengo, pero sin los marcos, las quiere igual. ? Los marcos ya los vendí. Mire que las fotos son viejas, llenas de personas vestidas de novia, y de comunión, hay algunas en colores. !

– Si las tiene se las compro…

– Las tengo en casa,  las traigo  y se las regalo…Doña no le interesa la cama, la voy a buscar el jueves?

– La cama ?

– Es muy buena, pero es de una plaza, y tiene unos tallados grandes de flores.. Si tiene marido no sirve, si tiene algún hijo…La ofrezco porque no me entra en mi casa sabe?..

-Marido..hijos.. estoy muy confundida no puedo pensar..Beatriz  ante el temor de que supieran algo de ella,  se iba desarmando en el escalón igual que la caja de cartón que estaba bastante aplastada..

El hombre se calzó hasta las orejas el gorro de lana, y desde la puerta casi le gritó

–  Ya vendí la cruz y la cadenita, me la compró una doña de la cuadra, que parece que conocía al finado…es lo único que falta de la caja.

Usted sabe que soy honrado , yo aviso..Sabe ?  Hasta el jueves…

14 pensamientos en “El remitente.

  1. Creo que el finado vivió demasiado, cumplió su vida, y la compartió, las víctimas han quedado, y unas y otras a su modo, lo recuerdan.
    Es triste comprobar cómo se hace negocio con la muerte.
    Buén relato y triste.
    Un Fuerte Abrazo 😦 .

  2. Compartió su vida con muchas mujeres pero, a todas, las dejó un sabor amargo, no logró que una lágrima brotara de sus ojos.
    Su vida sólo sirvió para que sembrar la tristeza, por donde pasaba.
    Un relato muy original y atractivo.
    Un fuerte abrazo, Stella.

  3. Compartió su vida con muchas mujeres, a todas, las dejó un sabor amargo, no logró que una lágrima brotara de sus ojos.
    Su vida sólo sirvió para sembrar la tristeza, por donde pasaba.
    Un relato muy original y atractivo.
    Un fuerte abrazo, Stella.

  4. Por sus frutos se reconoce el árbol. Y pareciera que el árbol estaba lleno de amargura que supo infectar a quienes estaban a su alrededor. Pareciera que el cuento acaba y no acaba y sigue y uno deseando saber más y más y esto es por la calidad con que manejas la prosa y a la esplendidez del argumento… un beso y muchos abrazos Rub

  5. Primero no quiso ni ver el contenido de la caja, para ella hacía tiempo que había muerto, pero poco a poco resurgieron emociones que pensaba ella haber apagado… ¡Me has intrigado mucho Stella, voy de inmediato a leer la segunda parte!! 😉

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