Un balde de lata.

 Usos  y  costumbres.

Memo.

Una mano sujeta la mía. Un balde de lata litografiado . Una palita , un pequeño rastrillo y dos o tres moldes del mismo material. Una sombrilla grande con su envarillado de madera, un bolso de lona  y el omnibus completan el paseo.

La playa es una cinta blanca , como las que llevo  en mi pelo.

Las piernas largas, delgadas, el traje de baño de lana, cerrado con escote redondo, casi monacal. Un sombrero blanco de ala levantada, y mis juegos de latón.

En esa humedad deliciosa, la  frescura de  piedritas redondeadas por el mar, conchillas de almejas , mejillones, pequeños caracolitos , vértebras y espinas de pescados que lastiman los pies,  aprendí en la infancia a hacer castillos.

Tan fácil es !!  Llenas el balde de agua y después le pones arena hasta que tenga la consistencia de crema , la del postre del domingo.

Caminas , mejor saltas, porque quema  la blanda arena,  alrededor  de la sombra con flecos blancos, donde se esconden los toallones, alisas con la palma y haces un círculo  a pala, lo más profundo que puedas, como cimiento, como contención. Un foso… le pones piedritas, porque ahí pueden existir los más extraños seres !!

Luego te sientas y metes tus manitas y sacas esa mezcla húmeda y la dejas gotear lentamente entre los dedos. Se forman las torres, los puentes, y cada vez más alto, el desafío.

Cuando se acaba vuelves a repetir el viaje.

Tú castillo es único, porque tú eres la princesa, tú haces el cuento. Con tu dedo índice, lo hundes a los costados de  la torre y tienes las ventanas, o una gran puerta .

Con uno de tus moldes, ése del sapito, haces al príncipe. No importa que tenga el mismo color que el castillo, porque el color lo pone el que sueña.

Tienes los miradores, que cortas cada tanto, por ahí,  espían los que cuidan.  No saben  que se puede ver desde lejos al caballero andante, en el camino formado a rastrillo.

Haces estrellas de molde,   árboles de alguna madera que trajo la ola,  puentes de piedritas  y vallas de resaca.

Dejas ahí desprotegido al sol, tu castillo, la senda,  tu príncipe, tus sueños, y alguién sin querer o queriendo lo pisará, o la ola lo barrerá, pero no importa,  con la igenuidad de un niño volverás a empezar.


4 pensamientos en “Un balde de lata.

  1. Diferente a lo que me tienes acostumbrado. Este cuento que esta dentro del genero infantil por el tema y el desarrollo, tiene en su fondo una gran soledad que acompaña a la niña que es el personaje principal. Extraño tambien que lo hayas manejado en una segunda persona, aunque la segunda es la primera, pero susurrado. Como siempre satisfecho de lo que me has contado… Un beso y un abrazo Rub

  2. Retrocedí en el tiempo¡ Maravillosamente montaste una escena en un verano…, recuerdos gratificantes y con tradición…, sí, ya que en las vacaciones era todo un clásico, aún lo es para los más pequeños…
    Felicitaciones¡
    C.

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