Cambio de carátula

Se conocieron cuando ella era una liceal y él cursaba la Facultad de Abogacía. Formaron   con otros jóvenes, una barra canchera, de conversación intrascendente , algún baile  y poco más . Los mayores buscaban a las más jóvenes para el ligue, como solían decir.
Gustavo Román era uno de ellos. Se diferenciaba en que tenía audacia, lengua filosa,  era el chiste oportuno, culto, inteligente. Creo que me olvidé de algo. No tenía casi físico. Sencillamente esmirriado,  la cara delgada hacía que su nariz se viera más prominente, acompañada de oscuros  ojos y mirar desafiante.  Le decían  El Peje. Con eso cierro la descripción.
Sara Fischer, era la mirada adolescente, en esta historia. Una castaña de ojos grandes color miel, y un incipiente físico que ya hacía mirar a muchos y suspirar con sueños no castos a la mayoría. Lo que tenía de simple en su manera de ser, lo llevaba en lo meticulosa,  huidiza, maliciaba de los demás. Temía a la chacota. No se daba cuenta de su potencial.
Fué un grupo, formado para poco tiempo. Una estación. No guardaba el cariz necesario. Dejaron de verse.
Sara a los años entró a trabajar en un estudio contable  .  Había sido halagada  y deseada por muchos. Parecía ajena a todo. De su casa al trabajo. Pocas salidas. Contadas amigas. Tenía hermosos  veintiocho años,  sin ninguna andanza.
Un día a la salida del trabajo,  se topó con Gustavo Román. En un primer momento no lo reconoció. Fué él que al verla la empezó a acorralar con – Siempre hermosa.  La apresurada Sara. No fué hasta que dijo – Soy el Peje..que ella logró ubicarlo.
Asombroso !!…Parecía más  alto y  corpulento. Lo que hace un buen sastre.!  Usaba un sobretodo cruzado ,  color visón el mismo que se ponen los abogados para impresionar a sus clientes.
Era verdad, se había trasformado en abogado penalista y al ver le iba estupendamente.
La invitó a tomar un café. Esa charla amena de recuerdos, compañerismo, visiones juveniles, trabajo, armonizaron unas cuantas  cosas.

La hacía salir, cine, coche, cena, paseos.
Las compañeras del trabajo, charloteaban y riendo comentaban. Al fín ubicamos a la hermosa Sara. ! Ella negaba. – Amigos de barra.
Fué el Peje el que dió el tema. Era directo. Un lider, con poco físico y mucha labia. Era el hombre del momento, redituaba  con su razonamiento,  era imail, programación , juicio oral, con cobro de honorarios.
Le dijo que quería una relación más íntima. No hubo besos, ni abrazos, ni siquiera intentó hacerlo. Fué tan directo que dejó a la interlocutora sin defensa.
Cuando el Peje volvió había trascurrido más de un mes. Al principio de la ausencia Sara pensó que no volvería a verlo. Es más ésto hizo que ella pensara en Gustavo

El doctor Gustavo  Román no le mandó ninguna  exhortación  a Sara Fischer, sabía que había trascurrido el plazo y era suya la demanda.

Como todas las cosas sujetas a mudanza, pasó de ser un contacto,  a un vínculo afectivo.
Dos años después Gustavo y Sara se casaron, las bromas fueron paralelas. -”  A ella porque había elegido a uno con el  mayor pronombre posesivo y a él por seleccionar a una mujer que colmaba cualquier sueño de gurú. ”
Antes de casarse el Peje le exige.-  Que deje el trabajo de morondanga que tiene. Sara acepta.
El apartamento era amplio, lujoso, era la culminación material  para una mujer , de modesta posición que pasó a ser la esposa del doctor requerido por muchos.
La violencia campea, la droga destruye, las personas se guarecen, temen, se cubren desde banqueros hasta pandilleros.
Una mañana como hubo tantas, el doctor salió al mediodía, con su portafolio, donde entre papeles llevaba su laptop. Caminó unos pasos por la vereda para llegar hasta el auto, se sintió la alarma que habría la puerta , la moto , los tiros,  de un tirón se fué la vida,  el portafolio y los ladrones.
Empezó la investigación, asesinato por rapiña.
Sara tras quince días de despojamiento, completamente desorientada, había llegado a considerarse completamente inútil.

Fué  al estudio que tenía su marido con otros abogados. Necesitaba saber donde se encontraba parada.
Mayúsculo  fué su asombro ante   los datos que extrajo.
” –  Nosotros sabemos muy poco de sus clientes. –  Aunque quisiera no podría darte los datos. – No sabías que al estudio entraron ladrones y robaron todas las PC ? -No te contó que estamos rehaciendo todas las fichas. ?- Creo que Gustavo tenía un respaldo en su laptop…- Cuanto lo siento..” La frialdad de sus colegas cortaba el aire.
Solamente el viejo y astuto  doctor Enriquez,  jefe del equipo se dignó llamarla a su escritorio, y sin decirle nada en concreto, le dió un camino donde transitar.
– Sara, como veo que Gustavo no te contó,  quiero decírtelo. Le habíamos solicitado  que formara su propio estudio.  No teniamos apuro pero queríamos que lo hiciera. Gustavo era sumamente inteligente, pero trabajaba con el barro. Él sabía hacer la arcilla y la mayoría de las veces, cocinaba sus piezas y terminaban siendo hermosas obras en cerámica. Nosotros no. El derecho Penal es un derecho garantista.
Sabes que el mundo del delito crece  y la mayor parte de los delitos se ordenan desde las penitenciarías. Después que nos robaron  recibimos amenazas telefónicas. Todo ésto está en la denuncia que en su momento,  hace ocho meses, hicimos a la policía. Te estaba por llamar. Tú tenés la llave del escritorio ? Por ahí podríamos orientarte.
– No , no sé..no tengo ninguna llave, tal vez estuvieran en su portafolio.. Las llaves de casa !! Ocho meses!!   sin saberlo !!
Sara recibió la llamada de un  anticuario.
Le dijo que se había enterado por los diarios de la muerte del doctor Román.  Cómo  él había adquirido un marco tallado con espejo y efectuado los arreglos correspondientes y  abonado el mismo, quería saber a donde lo enviaba.
– Un marco con espejo? Qué tipo de espejo ?
– Señora. Cómo veo que no está enterada le ruego que pase por mi casa de antiguedades, que con mucho gusto se lo voy a a mostrar….
En quince días cuantas personas el dijeron a la desconfiada Sara…como no sabe…como no está enterada.
Librerías de viejo, casas de antiguedades,  y los domingos, todo lo impensado  se concreta en la feria dominical.  Ahi, en una pequeña casa transformada en casa de antiguedades o baratijo, vió Sara el espejo que había comprado su marido.




Grande, antiguo, estilo Luis XV, madera tallada, dorado a la hoja. Algo impensado que compraría eldoctor  Román al que le gustaban los muebles despojados, modernos .

Los celos de Sara , le hicieron ver que  el espejo tenía cuerpo y cara de mujer. No su cara. Otra cara a la que le gustaría mirarse, en las volutas del bisel.
– Si no le gusta señora. Lo podemos poner nuevamente a la venta, claro está que va a llevar un tiempo largo venderlo. Cuando lo adquirí hace como tres años, nadie los supo apreciar, solamente su esposo. Creo que se enamoró del espejo.
– No lo dudo. Me dijo que le hizo un arreglo. Qué arreglo ?
– El doctor me pidió que cambiara la madera del fondo, porque estaba un poco estropeada  y le puse una madera dura que él me trajo, para que dure muchos años.
– Le dió alguna dirección a donde enviarlo.?
– No señora . Me dijo que él lo retiraría. Lo que le señalé era que tengo unos muchachos que colocan piezas como ésta, que son grandes y pesadas. Se lo instalamos gratis, el envío corre por su cuenta.
-Me podría dar el recibo de cuanto pagó mi marido, por el espejo.
El anticuaro, escudriñó dentro del cajón de una pequeña mesa y le entregó el recibo.
– Pagó dos  mil quinientos dólares por ésta pieza. ?
– Señora los vale, eso y mucho más, si no fuera porque tiene una pequeña fisura en una hoja de acanto…agreguele el arreglo que fué aparte…
El precio selló las dudas. Hizo certero el traslado.

Dónde poner un espejo grande cuando no se necesita y no siendo ella  la destinataria.?
No tuvo en cuenta nada de lo que le habían dicho. No sabía donde transitaba , cayó en la necedad .
Dos apartamentos por piso y la vecina era una vieja fácil de convencer. Ponerlo en el luminoso palier, frente al ascensor. La única objección que le hizo Felicia Durán fué que habría que pedir permiso a los condóminos.. sin ese requisito el portero, no lo iba a permitir.
La persuadió. Como dos niñas haciendo una travesura el espejo fué instalado , el día de asueto del portero y a decir verdad la colocación fué rápida, porque se necesitaron tres personas para poder levantarlo.

La vecina quedó encantada. Le decía a Sara, que cuando niña era muy común tener uno a la entrada de las casas, cuando los techos eran altos y que debajo se ponía una consola…Le da categoía al piso murmuraba feliz.
Creía que cuando los demás propietarios supieran, no se iban a oponer.

Entró a su apartamento, sabiendo que iba a ser por poco tiempo suyo. No tenía dinero, no tenía idea del trabajo de su marido, de sus clientes, sabía solamente lo que él había querido decirle , es decir no sabía nada.

Su marido desde que falleció se transformó en su incógnita. Pensaba que bien puesto el sobrenombre..el Peje..por lo escurridizo, lo movedizo, estaba cerca y muy lejos..

Su cartera, su celular, las llaves,  se cayeron al abrir la entrada.

Nada en su sitio, la mezcla absoluta, la intimidad a la vista, el miedo, el palpitar, el movimiento rápido, el grito ahogado….el llamado…el ascensor.

Porqué miró hacia el espejo?  Fué algo instintivo.

En lugar de ver la entrada al ascensor, vió el cielo, los hierros que componían la caja.

Los pesados de la cárcel, los compinches , los maleantes, los perros, las mulas, el barro..

Comprendió la espiral,  las volutas del espejo,  las hojas de acanto,  vió más allá,  en  la madera dura y nueva de su fondo,  el dorado a la hoja,  el picoteado del azogue…

Es más vió, la sustancia escondida por el Peje,  en la curva larga de su profesión.

Ésa era su jaula.!

Se sintió acorralada, desollada, tan sola, era inútil el intento por sobrevivir.

Su destino fué sellado.

 

La suerte está echada.

El asunto  Sara Fischer, fué caratulado…como accidente.

Se siguió investigando.

Pasaron dos  años para que fuera cambiada la carátula…fué cuando falleció la señora Felicia Durán que  se encontró entre sus pertenencias unos escritos que la vincularon con el anticuario y con el doctor  Gustavo Román.

Hallaron el recibo del espejo…El espejo nunca apareció.

Para la policía el  asunto fué llamado ” El azogue “,  aunque hacía muchos años, que para la confección de los espejos había dejado de usarse el mercurio.

Los investigadores pretenden establecer la trama del lavado de activos provenientes del tráfico de cocaína …que sólo en un embarque requisado alcanzó ganancias por….

Se sigue investigando.
* Las fotos tienen  un trabajo de Adobe Fireworks.

8 pensamientos en “Cambio de carátula

  1. Stella. Felicitaciones¡ Tu relato me atrapo desde el principio hasta el final¡ Muy bueno¡ Intrigante, con un vocabulario interesante, una historia que recorre el tiempo con mucha actualidad…, buenísimo¡
    Un saludo muy grande y un beso
    C.

  2. Gracias.
    Espero que la actualidad que duele a muchos paises, se pueda reflejar en el cuento.
    En cualquier nivel social se encuentra o se oculta el problema.
    Hasta pronto. Hasta cuando guste.
    Un abrazo.

  3. Querida amiga, me dejo con algunos nichos oscuros. volveré a leerlo, pero la impresión que me da es que el tema agarra, pero hay que desarrollarlo más, parecería que su trama da para una novela corta… un beso y un abrazo amiga Rub

  4. Puede ser. Desarrollarlo, más creo que sería demasiado para ser leído en una página de un Blog. Lo que tiene, son términos usados habitualmente en los juzgados.
    La trama completa la da el espejo y sus cuatro fotos. La parte superior con sus hojas de acanto, una de ellas fisurada, el espejo y su reflejo del entramado, y el cielo, la mujer que cae, en el diluído rojo, y al final la parte posterior del mismo con su sombra.
    Eso es lo que puedo aportar.
    Te espero nuevamente con otra lectura.
    Hasta cuando gustes Rub.
    Un abrazo Rub.

  5. Me gustó el relato pero sobretodo el final se me hizo confuso. Supongo que condensar tanto en un espacio reducido propiacia la elipsis y hay que releer para que quede claro. De todas maneras creo que da para un formato más largo.
    Salut
    PD: aquí doctor solo se aplica a los médicos.

  6. Carme.
    Tengo que reconocer que me entusiasmé tanto con las fotos que creo que el relato se me fué, o me fuí yo por la caja del ascensor junto con Sara, empujada por los mismos que hicieron el final de los protagonistas-
    Hasta cuando gustes.

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