Así de simple…

Tenía cuarenta y seis años. Pero hacía más de quince , que vivía sola. Desde que se divorció de su esposo , no llegó para ella una solución que le fuera satisfactoria. Seguía con su trabajo, y la pequeña pensión que le aportaba su ex marido. Todo se le iba en pagar el alquiler, y los gastos de la casa, diciendolo en palabras de ella ” sobrevivía.”

Sentada frente a la única ventana que daba a la calle, ese domingo como todos los que había pasado,  recordaba. Siempre se vuelve al pasado cuando la quietud de la tarde hace que salir sea una pereza, y además el donde ir, una aventura pequeña y repetida.

Fracasó si se le puede llamar así a la relación que mantuvo con su ex,  por seis años, en los cuales conoció la abundancia económica , y lo mejor el compartir un hijo sano, hermoso. Nada logró , ni que su hijo se quedara con ella, ni supo conservar, digamos cuidar el amor que que ese hombre culto y estricto le había brindado. Porqué, no perdonar.. se preguntó muchas veces, mirándose al espejo. Él mismo le devolvía la imágen de una mujer linda, no hermosa, a la que ahora el paso del tiempo le estaba dejando huellas en los ojos y en las comisuras de los labios, y se había depositado en sus caderas y sus muslos. Su cara y su cuerpo sufrían el deterioro inevitable del tiempo, pero no fué eso lo que la llevó a que dejara de ser la mujer interesante, que cautivaba a los demás.

La respuesta ella la sabía, pero se negaba a aceptarla, le costaba reconocer su problema, era del tipo de persona que piensan que nunca se equivocan, que siempre tienen razón. Razón para equivocarse uno mismo sin que nadie le indique el error.

Todo empezó hacía muchos años, cuando iba a dar un exámen en la Facultad de Química y se encontraba nerviosa y asustada. La verdad era que  se iba a presentar sin estudiar lo suficiente, y para tapar todo, habló de nervios. Su madre en su afán de ayudarle, le dió una pastilla de las que tomaba para dormir, diciéndole que eso la iba a calmar. La cuestión fué que salvó el exámen, y pensaron todos, entre ellos la interesada, que era una panacea.  Fué el comienzo de un error repetido muchas veces. Hasta que el error se hizo hábito.

Primero compartió pastillas con su madre, después con viejas amigas de la casa, con médicos, con conocidos visitadores médicos, y esa adelantada estudiante de química que sabía lo que hacía y tomaba, cuando se dió cuenta, no podía dejar de ser esclava. Se habían apoderado los medicamentos  como duendes silenciosos de su vida. No descansaba si no tenía a su lado algo que la llevara al sueño, no podía salir si no iba resguardada, eran su ángel protector.

Conoció a su marido, cuando él ya estaba recibido de médico, y se casaron a los pocos meses , al quedar embarazada.

El embarazo, y la lactancia , hizo que se apartara de todo los temores, y fué una época feliz, para los tres. Creyeron que formaban un hogar que duraría mientras ellos veían crecer a ese niño,  hasta transformarse en hombre. Dejó  los estudios, y pensó en trabajar, y así con sus conocimientos, logró prontamente un empleo en un Laboratorio.

Lentamente, el cambio la afectó. Se daba cuenta que la casa, el niño y el trabajo la superaban, llegaba cansada a todos lados, y nuevamente al acostarse no lograba dormir. El círculo se iba cerrando,y cometió el error de no pedir ayuda. Podía en ese momento rogar el auxilio, y por el que dirán calló, y encontró nuevamente  un pobre sustituto, llamado tranquilizante, ansiolítico, antidepresivo.

En un primer momento, le dió resultado, no era el mismo de un exámen pero sustituía algo, el cansancio se marchaba cuando venía el sueño, y a la mañana el café hacía las veces de despertador.

Tenía un proveedor en su misma casa. Las muestras dadas a su marido, y las conseguidas en su trabajo. Llegó a usar hasta las recetas que él dejaba firmadas, y que sigilosamente, sustraía, todo ésto y las compras de medicamentos en ferias, hicieron de ello por años, su cobija.

Hasta que:  siempre llega el momento en que no se puede ocultar lo cotidiano, y nada es gratis, las mentiras cobran relevancia, y encubrir ya no es posible. Su hijo tenía seis años, y en una travesura propia de su edad, vió cuando su madre tomaba una pastilla del frasco, y esperó a que ella se fuera al trabajo y tomó unas cuantas.

Resumiendo sus recuerdos, se vió con la niñera en el Sanatorio y su hijo internado.  Fué cuando en un rapto de profundo remordimiento, le dijo la verdad a su marido.  Su hijo se salvó, pero  un cuchillo filoso, los atravesó, los cortó  para siempre. Ése hombre culto, que entendía las miserias humanas, porqué trabajaba con las mismas, la apartó de su lado, y la alejó de su hijo para siempre. La amenazó de que si no se alejaba de los dos, la llevaría por medio del Juez  a que lo perdiera definitivamente. Es más podría llevarla a la cárcel, si quería, porqué todo lo  que había hecho, era delito.

Ese domingo tan sin nada que hacer, más que cavilar, fué definitivo para ella, tendría que escribirle a su hijo, mandarle un email, contarle todo,  porque   merecía  ser escuchada, sin que nadie la  juzgara.  Sabía por una sobrina la dirección, de su ex, y de su hijo. Fué abriendo su computadora, y luego desde su Hotmail, en Nuevo, y en negrita, escribió todo como lo estaba recordando, sin pedir perdón, sin súplicas, a la manera de un exámen final, donde se jugaba otro futuro, otro partido.

No negó que seguía con sus pastillas y puso entre comillas ” Mi Ángel de la Guarda “.  No era santa ni pretendía serlo, era una madre, que escribía a su amor desde lejos, muy lejos, desde su Diazepan, o su soledad.  Le dijo de sus visiones de los primeros meses de su separación,  y cómo  al mirar los frascos de cristal del Laboratorio, veía reflejados en ellos, la imagen de él, que oía su voz y su risa, en cualquier niño que se le cruzara. Qué  extrañó los abrazos, y aun sentía su ausencia, y le quedó un hueco entre sus brazos, sus  manos se fueron vaciando, y el silencio se apoderó , como amo y señor de su existencia.

Le contó que  todo ésto fué un ácido que dejó secuelas dentro de ella, que solamente el tiempo,  amortiguó.  No sabía si le contestarían porque hacía quince  años que nadie preguntaba por ella  y como una rebeldía final le mandó a los dos al padre y al hijo su recuerdos.  En lugar de besos, puso en mayúscula… como un sordo grito… ESTOY  VIVA.. y los envió.

Se quedó mirando la máquina, como se mira desde lejos los problemas de otros, con los cuales no queremos involucrarnos, porque son de difícil solución. Uno de sus ojos le empezó a parpadear, y como jugando se los apretaba alternativamente uno y otro, pero el parpadeo continuó

Al incorporarse  tomó un vaso de agua y una pastilla amarilla, como si fuera una  alerta,  se deslizó a su garganta, sabía que al momento todo le parecería más fácil, se evadía de símisma, dejaba para mañana la definición.

Se volvió a sentar frente a la computadora, su amiga  de soledad, compañera de miedo, de angustia y se fué con ella a leer parpadeando,  sobre Mitología Griega, algo que le gustaba  y comprendía a la perfección. Los Dioses, pensaba  eran seres maravillosos, hermosos, crueles , fuertes, aman y mueren en guerras imposibles, ganan hasta en su imperfección.

Su historia pequeña, era  común a muchos, negada  por varios como ella.  Quedaba disminuída todo lo pasado a lo mimio, frente a cualquiera  de la fantásticas historias mitológicas  narradas ,y leídas con avidez por ésta solitaria madre, desposeída de  amor.

La enseñanza de  lo increíble, éso era lo que necesitaba.  Así de simple.

Y ésto fué lo que leyó, esperando que alguno de los dos mensajes le fueran contestados..

” Éter es uno de los dioses primordiales y es la personificación del cielo superior. El Éter era el alma del mundo y toda la vida emanaba de él. Nix (noche) arrastraba las oscuras nieblas de Érebo (oscuridad) por el cielo, trayendo consigo la noche al mundo, y Hémera, esposa y hermana de Éter, era la encargada de desvanecerlas, arrastrando a Éter (la luz) y trayendo el día. “

Cuando gustes..

Cuando las calles eran desoladas, porque la amplitud, era de todos los peatones y los pocos autos que pasaban, no interrumpian ningún cruce, fué cuando de casualidad lo conoció Armonía..

Tenía diecisiete años, dulces y hermosos, llenos de sueños.  Hacía honor a su nombre. Se cruzó con él, y fué una mirada fugaz, se diría casi robada, porque solamente en ese momento pudo ver sus ojos. Sin querer o queriendo se dió vuelta a mirarlo, y lo único que divisó a lo lejos fué un sobretodo negro.

Ella hacía siempre el mismo camino hacia el liceo. No pasaron muchos días cuando lo volvió a ver, pero esta vez pudo mirarlo más detenidamente. Su pelo rubio y ondeado, esbelto, alto, y ese sobretodo con el cuello hacia arriba tapándolo del frío de junio. Los ojos azules se posaron en ella, y esto sirvió para qué tuviera motivo para su ensueño.

Decir, que lo comentó con sus compañeras de clase, sería abaratar las miradas y encuentros casuales que tenía en sus diarios trayectos. No quería que nadie supiera, que le gustaba un desconocido, que veía de vez en cuando, que no sabía quien era, que era ella la que lo miraba, y que en cualquier momento dejaría de pasar. Era lo que  pensaba, algo externo a sí misma, pero que la empezó a complementar. Comenzó a arreglarse más. El frío del invierno no la ayudaba, pero la boina tejida de angora, coronó su cabeza, haciendo juego con sus mitones. Empezó a usar tacos altos, y aunque al principio, hacía pininos sobre ellos, perseveró, en su casa con un libro en la cabeza, haciendo equilibrio, hasta que tuvo el andar de reina. Si él lucía como un príncipe, ella no podía ser menos.

Cuando el candor es luz, entre las espesas pestañas, y todo es sonoro, desde el mar hasta el viento, y se recita, y se recuerda hasta el más mínimo detalle, o se es muy joven,  no se ha vivido, o se está enamorada. Para Armonía había llegado el amor. Sin nombre, sin palabras, sin conocimiento. Pero un amor nacido en un cruce fortuito de dos personas, en la calle puede llegar a serlo, si el pensamiento se trasforma en realidad. Pensó mil maneras para poder conocerlo, tenía la sospecha que podía vivir  en el barrio, pero lo que la intrigaba de muchas maneras, era esa modo que le veía al caminar, segura y ligera, el vestir tan austero, y el apuro evidente. Entraba a trabajar, casi con seguridad, pero donde.?

Cuando cruzarse fué común, el empezó a saludarla, bajando la cabeza, y ella dijo la primera vez, con voz casi imperceptible- Buenos días. Y de ahí, en más eran dos extraños saludándose. Las últimas veces,  le pareció que le sonreía, y que esos dos inmensos ojos se abrían , al diálogo. Entre la  realidad, y  los deseos, la imaginación juega con  los sentidos y hace ver lo que no existe, en ese punto se detuvo ella.

Cuando su mejor amiga, un día la invitó a escuchar una conferencia en su liceo, en un primer momento dudó, pero ante tanta insistencia terminó por aceptar, no era muy adepta, a escuchar charlas,y  no concocía al disertante.

Cuando entró por primera vez al Instituto  centenario, con sus grandes y  anchos corredores, con sus paredes tapizadas de fotos de grupos  de alumnos y profesores, notó y se lo comentó a su amiga la diferencia abismal, que había con su humilde Liceo. Tuvieron que caminar un rato largo, entre jóvenes uniformados, y Clarita le hablaba y comentaba, las diferentes clases, que daban en ese sector, y la llevó a conocer la capilla, aunque sabía que Armonía  no era creyente. Pegada a la capilla estaba el salón de actos, y ahí se iba dar la conferencia, que se dividía en tres jueves sucesivos , y estaba especialmente dedicada a los  adolescentes y jóvenes y se llamaba ” El valor de la Contención ” Antes de entrar Clarita se entretuvo hablando y riendo con compañeras, y la mirada de la invitada, se posaba desde las jóvenes, a los ventanales con rejas trabajadas, sitiendo en todo momento, como la tradición, se filtraba desde el antiguo edificio donde habían concurrido por tres o más generaciones  abuelos , padres  , hijos,  profesores. Ahí también acompañaban a los jóvenes los padres, tanto en la pequeña capilla, como en el salón. Esa unidad era desconocida para ella.

Fué cuando lo vió venir desde  lejos, entre un grupo de jóvenes,  resaltaba entre todos, ese porte magestuoso, era único, esencial. Las piernas le empezaron a temblar, todo su cuerpo se movía, sabía que ahora conocería el nombre del hermoso hombre, que la hacía divagar en las sombras. Cuando estaba bastante cerca le preguntó a Clarita – Quién era. Y la respuesta la dejó petrificada en la puerta, inmóvil, estática.- Ese es el padre Luis, es el Subdirector, la conferencia hoy no la da él, sino el jueves que viene.

Armonía sin querer, fué llevada hasta el salón, pero pudo decirle a su amiga que se iba porque había recordado, que tenía que hacer un mandado para su madre. Cualquier excusa era válida en ese momento, lo que quería era salir, y cuando casi lo lograba él estaba parado en la puerta, y le habló, le preguntó- – – Te marchás. No te vas a quedar. ?  Se lo preguntaba sonriente, evidentemente la confundía con una de las alumnas del colegio. Es decir siempre la confundió con una alumna. La voz de Armonía, se volvió más clara, más fuerte al decir- Hoy no puedo, tal vez el jueves próximo.  – Cuando gustes, le respondió el padre Luis, y en ese momento hablaron también sus ojos de ese azul celeste, de ángel, de dios, de prícipe, de ilusión primera, de quimera, también habló la cadena de plata,  la cruz, sobre su pecho, y la sotana negra. Todo esto se lo decía sonriendo por vez primera. Esta era la sonrisa dada, como ofrenda a ella, la que no olvidaría nunca, porque ese recuerdo le pertenecía para siempre.

Cuando las calles se vieron más concurridas, era noviembre, el calor hacía abrir las ventanas, y el verano ya era una realidad. Época de pruebas y exámenes, pero lo extraño en el Instituto, fué, que el mes anterior, partió el padre Luis, para Inglaterra. Trás una tormenta, como esas que tienen muchos truenos y relámpagos, y poca lluvia, la típica tormenta que anuncia el cambio de estación, y  con ella se fué el Subdirector, tras los rumores, de una relación, de él con una alumna. Los rumores en determinados lugares, se amortiguan, se callan, se ocultan. La partida cuando Europa se encontraba en guerra, fué el colorario, de los dichos.

La alumna era Clarita, y aunque nadie negó nada, el  que ella también se retirara, sin terminar los cursos, confirmó las habladurías. Las amigas o conocidas  comentaron que se había ido a la estancia de los abuelos. Todo esto tuvo un giro parecido a los trompos, de esos antiguos de colores que al girar tenían música, y en ese giro, se fué acallando todo , porque ayudó el fin de curso, y el manto de la virgen en las familias patricias, cobijó el resto para que se adormeciera, con el calor de un tórrido verano.

De Armonía nada se supo, porque no era conocida de las jóvenes del Instituto, era ajena a  esto. Era una pieza que en un principio, no se le dió la importancia que tenía, porque los únicos que supieron la verdadera historia, fueron los padres de las jóvenes.

La lluvia golpeaba las ventanas, la calle aparecía desolada y se sentía el frío del invierno. El Instituto había quedado como un baluarte generacional, no había perdido nada de su prestigio, es más era un referente para la educación, tanto privada como pública. Uno de los grupos tenía  dos horas libres,y  los jóvenes optaban por quedarse en el salón, ir a la biblioteca o la cantina , todos se estaban aprontando para presentar  los trabajos prácticos. María y Rafael, estaban sentados en el salón  intercambiando los escritos, por más que se los habían pasado por Internet, estos momentos los aprovechaban para que y se pudieran corregir antes de la entrega que sería dentro de tres días. El tema era algo más complicado de lo habitual, escribir, un cuento. Fué cuando se generó el siguiente diálogo. María – Rafa, lo que me mandaste es demasiado breve, acordate lo que dijo el profesor, vas a tener que agregarle alguna historia un poquito más complicada.- Algo más humano.

Rafael  – Mirá después corregimos el mío, ahora hablame de esa historia tuya y del padre Luis,y las chicas, tú te pasaste , a mí me parece. Además falta desarrollar el final, yo hice el nucleo livianito, y el final va a ser pesado, pero el tuyo, decime María ya lo pensaste?

María se quedó mirando sus carpetas, el pelo recogido en la nuca con un broche hacía que pareciera más jóven aún de lo que era, sus pequeñas manos apretaban la birome, y con ella señaló a Rafael, y le dijo. – Te pareció la historia de teleteatro verdad?  – Sí respondió Rafa, un cura metido en esa época con una alumna, ..Y las dos enamoradas, de él..que por lo visto debía ser de la edad de sus padres.

Sí y es verdad, él podía ser el padre de cualquiera de ellas.   – Cómo verdad ?, es una historia, un cuento, te fuiste…- No Rafa, lo saqué de lo que sé de mi familia, algo inventé pero la historia es real, y fué trágica para más de una generación. En ese momento sonó el celular de María, y mientras ella hablaba, Rafa se la quedó mirando, con más atención, porque se dió cuenta que su amiga se encontraba angustiada, y pensó que algo de verdad había en la fantástica narración.  Cual verdad ?  Cuando cortó la encaró en ese salón practicamente vacío para los dos.   -María decime quién era Clarita, quien era Armonía, y cual es la verdad y cual la ficción ?  –  Clarita era mi bisabuela, Armonía fué la madrina de  abuela, y el padre Luis era mi bisabuelo. Y querés saber más ? Mi abuela  no llevo el apellido de ninguno de sus antepasados , tuvo el apellido prestado de Armonía.

Muy fuerte dijo Rafael,!! y al mirarla nuevamente vió que se encontraba su amiga con ganas de llorar, y fué cuando la invitó a almorzar, porque al ver tan complicada la situación no sabía como salir de ella.  María le dijo que no, que su madre la esperaba, si él quería podía ir después de clase a su casa, y terminaban los dos cuentos, porque ella sola no podía con este relato. – Bueno dijo Rafa, pero me prometés que de ese relato hacemos dos, uno para tí, hasta que el padre Luis se va a Inglaterra, y otro para mí a partir de lo que me contaste, y le ponemos I y II. Terminarón con sonrisas, porque a esa edad, hay cosas tan difíciles, que se necesita el respaldo de amigos para digerirlas.

Ya cuando se iban sin esperar a la clase que faltaba, caminando por los amplios corredores, en los mismos donde se habían conocidos los protagonistas de la historia, Rafael entre asombrado e incrédulo inquirió-Decime, tu bisabuela  se fué a Inglaterra con el cura ? –  Sí  ,y se quedó  a vivir en Inglaterra, y Armonía viajó con mi madre chica, para Montevideo, porque habían ido las dos detrás del padre Luis, y él se quedó con su Iglesia. Mi abuela empezó a trabajar  allá y Armonía se ocupó de mi abuela , y cuando pudo volvió a Montevideo. Fué  cuando se terminó todo el dinero que le giraba la familia de Clarita, que las mantuvo durante años. Te quiero decir que ya están todos fallecidos, excepto mi madre, que aunque no lo creas está muy orgullosa de su apellido, porque mi abuela aprovechó su belleza y se casó con una persona muy influyente de aquí, y te pido que no hables de esto en casa, y que no lo comentes con nadie, porque para mí esto es una especie de terapia, escribir lo que le pasó a la familia.  Tener una familia adoptada por las circustancias , es algo triste.

Te comprendo dijo Rafa, aunque de verdad, entendía nada, menos del amor, aunque pensándolo mejor al ver los ojos tan celestes de María cuando se le llenaron de lágrimas, podría ser una linda opción.

Se despidieron apresuradamente, porque todavía seguía lloviendo, y con un  –  después de almorzar  voy y –  cuando gustes, se fueron cada uno en una dirección opuesta.  Recién ahí María se dió cuenta que había utilizado las mismas palabras obsoletas  que su bisabuelo le había dicho a Armonía, solamente que ella después de entregar , el cuento lo pensaba subir a su Blog,  así hacía terapia de Grupo.

Discurriendo sola se alejó, y al mismo tiempo , veía de que manera le iba a decir a Rafael, lo que había inventado, la estancia, y otras cositas, porque la verdad era que quería que ese misterio que la rodeaba tuviera un fin en sí mismo.

Quería   conquistar a Rafael, el Rafa, para los amigos, y para ella su príncipe, como en su momento tuvo su bisabuela. Lo que no quería , aunque ahora sería imposible , era parecerse  a Armonía, y renunciar a todo por amor, por más que no estaba segura,.. si el padre Luis no invitó a  las dos…en Inglaterra con un….    Cuando gustes….

Casi desnudos..

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El aeropuerto estaba lleno de gente, más en el sector partida, porque comenzaban las vacaciones de julio para los que podían disfrutarlas con hijos o sin ellos, otros se iban por  negocios y para algunos  el destino en lugares distantes, reportaría algo mejor de lo que podía darle el país.

Entre la gente con grandes bolsos, revistas, abrigos y pasaportes en las manos, carritos que llevaban los viajeros, y reformas y mantenimiento que se hacía en el propio recinto, parecía que había más gente que lo habitual en esa época . La lluvía y el frío que en este momento castigaba Montevideo, era algo  ajeno a los que ahí se encontraban. Todos estaban para acompañar, despedir, emocionarse hasta las lágrimas.   Se escuchaban,  carcajadas y chistes de gente feliz,  que lograba ir hacia lo soñado. Pero muchos sabían que ese sería su último encuentro, un adíos definitivo. Sólo era cuestión de tiempo. El murmullo, subía como una espiral, junto con las voces que anunciaban los vuelos,y se entremezclaban, y se detenía en en el ruido de las máquinas..

 

Entre ese grupo, inmenso y heterogéneo, estaba Marcia, alta, delgada, elegante con su chaqueta de cuero, y sus pantalones de pana, esa manera de llevar la ropa que la distinguía siempre, estuviera, en su trabajo, o en una reunión. No era una belleza perfecta, pero tenía un imán, que la hacía única. Llena de amigas, y seguidores, era a una ejecutiva, que viajaba a Madrid, para casarse con un español, al que conoció en una reunión de la Empresa.
No era la primera vez que viajaba, lo venía haciendo desde hacía dos años, pero ésta era la definitiva tenía todo preparado, para casarse, en la ciudad de su futuro marido. Lo decidieron así, porque él tenía mucha familia, y quería compartir hasta con sus abuelos ese importante momento. Unos pocos familiares y amigos de ella viajarían dentro de quince días para estar con ellos.

La rodeaban las amigas y dos tías pero ella sólo respondía con palabras, sus ojos se iban hacia la mirada, que desde un extremo, casi apoyado en un costado de un mostrador la observaba.

Foto de Stella

Foto de Stella

Esa mirada que la acompañó durante sus veintiocho años, y en la que ella se cobijó, esa mirada que los dos adoraban, en los silencios, y en las alegrías, en las tristezas y la desesperanza.
Cuando la voz, empezó a llamar al vuelo de Marcia, empezaron los abrazos, y en ese momento, miró ella para despedirse, pero él ya no estaba, porque no quería que lo último que ella viera  fueran sus cansados ojos. Todo estaba dicho, hasta las lágrimas, nada era más cierto, que la felicidad de ella era un desgarro en el corazón de él. Pero eso no tenía importancia para nadie, nada más que para ellos dos.

Cuando llegó a la puerta, se dió cuenta lo rápido que había salido de toda esa gente, que lo ahogaba, de las risas, de los adioses, de maletas ajenas, de los guías de excursión, de toda esa gente, dispuesta a entender lo imposible, porque cada uno viaja con sus recuerdos, sus angustias, y sus alegrías, vaya a donde la vida lo lleve, desde el país hasta lejanos lugares, hasta la casa, o el trabajo. Pensó se viaja siempre, sólo que su bolso ya le resultaba muy pesado. Cuando la puerta se abríó, y el aire frío y húmedo lo recibió empezó a temblar. Ese temblor fino que venía ocultando desde hacía meses, y por el cual consultó a un médico amigo. Él sabía que la enfermedad, era irreversible , los medicamentos lo aliviaban pero no le daban la cura que se necesitaba, espiritual y física. Se acercó y contra la pared que ocultaba unos de los ventanales, buscó entre sus ropas la petaca, y tomó un sorbo largo. Le habían aconsejado una internación para su adicción, pero se necesitaba su voluntad, algo que hacía tiempo de lo cual carecía. Se respondió asímismo ” sólo me faltaba ésto ”

Ya no pudo seguir caminando rápido, porque empezó a perder en parte el equilibrio, y le costó mucho cerrar los botones de su pilot. Verdaderamente, no supo bien como encontró su auto y logró abrirlo, y ahí en la casi penumbra del invierno, con la garúa fina que caía despiada, pudo descansar y llorar. Nadie lo veía, sólo dependía de su voluntad, de sus fuerzas, y de lo recuerdos felices para mantenerse en pie.

Cuando llegó a a su hermosa casa, no sabía cuanto tiempo había pasado, o como estaba ahí después de esquivar los autos, que circulaban por la Rambla. Dejó el auto en el jardín, y cuando iba a buscar las llaves para abrir, la cara redonda y colorada de Élida, ya le había abierto la puerta, y le preguntaba con su voz nasal. -Qué rápido hizo Sr Arturo, el avión de la Srta salió en hora. ?, mientras le ayudaba a sacarse el pilot.  -Pero al ver que él no le contestaba y levantaba su mano, en un gesto de fastidio la mujer calló. Fué cuando se cambiaron los papeles, y él le dijo.  -Puede retirarse Élida, la Sra del relevo ya llega me acaba de avisar, y mi amigo Salvo ya viene también, así que puede retirarse . Que pase Ud. un buen fin de semana en Rivera con su familia como acordamos. Se lo merece , ha trabajado Ud. mucho desde hace cuatro años, y estuvimos pensando con Marcia, que debería tomarse unas vacaciones, más largas que un fin de semana. -Sr. Arturo, no creo que Ud. pueda sólo, con esa Sra. del relevo, hay que hacer tantas cosas, le respondió, mirándolo en mudo reproche.. Arturo se sentó en un sillón, ya no podía seguir hablando más, quería volver a ser alguien pensante, ya estaba perdiendo esa facilidad.-Así que terminó el diálogo con un – Tráigame un whisky y puede irse . Al momento apareció vestida con su vieja campera y un paraguas y , con una bandeja y dos vasos -le traje un whisky , para su amigo también y en la antecocina dejé pronta la cena. Todo lo demás ya lo hice. Hasta el lunes Sr. Arturo, nos vemos. Ésto último lo dijo con un dejo de voz, más nasal y alto, evidentemente, había logrado fastidiarla.

Tomó unos sorbos de la bebida,  se levantó con dificultad y puso las dos llaves a la puerta, y la cadena, así si Élida o alguien quería entrar no podría hacerlo, porque lo que deseaba desde hacía mucho tiempo era una casa, su casa en silencio, para él sólo.´

Sin pasos silenciosos en la noche, si abrir y cerrar de puertas, sin ese cambiar de rostros permanentes, con comidas ajenas, echas de papillas, esos vasos mamaderas, médicos,  enfermeras,  suero, pañales, inyecciones y oxígeno, y el olor a desinfectante que lo impregnaba todo.

Quería lo imposible, ser jóven sin obligaciones, sin enfermedades, suyas o ajenas, y sobre todo, haber sido un hombre rico, por símismo, no por ser el esposo de…y haber manejado con éxito una Empresa.

Era tarde para arrepentirse, y llevaba además  ese calvario oculto,que ya dejaba de serlo, se veía en su rostro ajado, en sus hundidos ojos, y en su aliento habitual , pobre  morral, el de su carga, pero ahora, como revancha del tiempo pasado y perdido, estaba él mal. Se sentía mísero, nunca más pobre, más desvalido más sólo. Volvió a tomar, agarró el segundo vaso, porque él sabía que su amigo y la Sra del remplazo no iban a ir, porque no llamó a ninguno de los dos  y como pudo abrió la puerta de su ajeno cuarto. Ahí en la cama grande, estaba su mujer, pequeña,  pálida, enferma, dependiente todo el tiempo, desde hacía cuatro años. Pensó que era mentira que existe un infierno para pagar los pecados, ” Aquí se hace y aquí se paga “.- Ellos eran el fiel reflejo de esa realidad. Se sentó en el costado de la cama y empezó a hablarle, y fué como si estuviera en una iglesia y frente a un cristo crucificado, pidiendo perdón por los dos.

Cuando terminó de su divague, se dió cuenta que ella no podía entender lo que él le decía, porque hacía cuatro años que había dejado de entender, y como excusa final, él le dijo que- — la iba a poner en una casa de salud, para que la cuidaran.

Fué cuando la miró por primera vez,  no recordaba cuanto tiempo, hacía que no la miraba y através del alcohol, y de sus nublados ojos, vió que ella no respiraba, y le levantó la cabeza y le gritaba que le contestara, y la llamaba maldita..maldita., pero al mismo tiempo lloraba y temblaba, como un niño abandonado y sólo.

Tomó de la mesa de luz de su cuarto, de ese de soltero que tenía desde el accidente de auto de su mujer , unos frascos de pastillas, y fué hasta la cocina, y ahí vió la cena, y las papillas, y tiró todo, quería deshacer lo imposible, despojarse del pasado, como un traje manchado, y tomó la botella, y se fué dando tumbos contra la pared, hasta la cama donde estaba
la mujer que amó, o pensó que amaba, la de el ancla de oro, pero la que le dió la hija por la que vivió hasta ahora.

Se tiró junto a ella, y tomaba el alcohol y las pastillas, y por momentos se reía y lloraba, ese llanto triste que da la embriaguez, ese que tanto conocía, porque hacía muchos años que él sabía lo que era acostarse sin saber bien en donde lo hacía, como ahora. Era  como ella, ni mejor ni peor, dos enfermos por decir algo leve, ya que ella, manejando borracha  fué que chocó contra una columna de la Rambla, y quedó así en una cama por el resto de su vida.

 

Cuando se le  acabaron las pastillas, y el whisky, él empezó a temblar más, quería  y no lograba que las manos y la cabeza se calmaran  y  para detener en algo ese maldito temblor, puso sus manos debajo de las de ella, y apoyó su cabeza, como tutor contra la blanca cabeza inmóvil.

En voz alta, para que ella lo sintiera, porque había olvidado que ya no oía.-  le decía –   Ahora que Marcia partió vamos a estar más unidos y este fin de semana lo vamos a pasar solos, sin ruido, y va a ser muy lindo, vas a ver, te lo prometo, y todo esto lo decía entrecortado y  gangoso, incoherente ,ya había dejado de ser  dueño de su voz.

El piadoso sueño, llegó, en silencio, y los  tomó  sin saber  que solamente se llevaba la sombra de esas almas, porque ,la  prestancia e inteligencia y el resto construído , lo dejaron en cualquier camino, en un recodo de algún viaje, sin carga de   maletas , y quedaron a la vista, casi desnudos…