Cuerda Azul

Me llamo como mi padre, Aurelio.

Nací en un pueblito del interior, fuí un gurí como cualquiera, muchachito, simple, pobre, de pata en el suelo y zapatilla los domingos para ir a la Iglesia, que no le gustaba la Escuela, y que si podía buscaba cualquier excusa para no ir.

Terminé bastante grande 6to. año.  Tenía quince, cuando mi padre se puso serio y me dijo, que ya que no me gustaba estudiar, tenía que trabajar. Empecé como limpia vidrio, limpia vereda, hacé esto, barré, tanto que por momentos me sentía el Santo de la Escoba, llevá este recado  a Juan, a Pedro, a María.

Fué cuando me empezaron a llamar El Cuerda, porque era más que un piolín, y servía para varias cosas.

Me conchabó Don Enrique, el de la Peluquería, ” El Porteño “, el que tenía en la vidriera siempre números de loterías, también levantaba quiniela, y cortaba el pelo a hombres, mujeres, y niños. Tenía un corte tan especial, que parecía que le había puesto un tazón a cada uno, y recortaba el resto.

Lavé tantas veces los vidrios, que quedaban dobles los números, porque se reflejaban primero en la vidriera y después en el espejo de la barbería.

No era malo el patrón, se empezó a preocupar de que yo aparte de comer, empezara a vestirme mejor. El primer cumpleaños que pasé con él me compró unas pilchas, un par de zapatos, dos pares de medias y un overol azul, igualito a los que usaban los de la Pinturería El Color.

A Partir de ahí fuí El Cuerda Azul.

Diez años después, enfermó Don Enrique, y como no tenía hijos, su Sra. me pidió si me podía hacer cargo del negocio, mientras él se mejoraba. Don Enrique, no mejoró, y arreglé con su viuda, lo del negocio, y me quedé con la Peluquería.

Amplié, la venta de loterías y quinielas, separé la peluquería, en damas y caballeros, en diferentes locales. Para hacer todos éstos trabajos, necesitaba, entre otros un carpintero, así que llamé a el Veto, que junto con su hermana Matilde, fueron compañeros míos de Escuela.

Siempre le dieron el apelativo de Veto, por la manía que tenía de decir que ” No “, a todo, en cambio a Matilde le decían ” la Tora “, porque nunca se enfermaba, y su mamá se pasaba diciendo: ” Esta nena, es una torita, de sanita “… dichos de pueblo.

Vino el Veto, a presupuestar, unos trabajos  para el Bazar y Ferretería , La Traba. Le pusieron ” La Traba “, porque cuando el dueño vendía al menudeo, tenía unas trabas, que después que cerrabas la puerta, el que quedaba adentro no podía salir, y el que estaba afuera, no podía entrar, a ayudar.

Los que compraron esas porquerías, le reclamaron y ya no se pudo sacar el apodo , y con el tiempo se lo puso a su Bazar y  Ferretería )  y como siempre que venía al pueblo , paso a verme.

Le comenté lo que necesitaba, y el empezó a medir con su metro de  madera, y en un papel blanco, empezó a dibujar que era un contento verlo. Quedamos en volver a vernos, cuando entregara los trabajos de la Ferretería, pero antes de irse para las casas, le dije si quería tomar una grapas brasileras conmigo.

Al principio me dijo que no, como siempre, pero al insistirle, empezamos en esos vasitos, panzones, y engañadores, y tomamos una, dos, tres, ..no recuerdo cuantas.

Lo que sí  recuerdo, es que nos sentíamos contentos, éramos dos gurises, en el patio de la Escuela, trepándonos a la higuera.

Cuando El Veto se iba entrecerrando los ojos, me preguntó por los números de lotería, si se vendían bien, a lo que le contesté que sí, pero que se daba más la quiniela. Le dije si no quería  un número, que con la plata que podía sacar si le acertaba, se podía comprar,  una casa en el pueblo, el galpón de los Barrios, que se vendía, cambiar el destartalado camión que tenía, ..y hasta se podía casar…Nos reímos los dos mucho, y él me dijo algo que entonces no le dí importancia. “Si yo ganara,  iría hasta la capital, para que me revisaran las tripas, porque siento un fuego, que hay días me sube hasta la garganta. Por eso no quería la grapa, no por despreciarte “- despúes, me preguntó cual elijo?, y yo le contesté. – este, mirá que suma diecisiete, número de la suerte.

Me pagó Veto con la plata del adelanto que le habían dado , se puso el número en el bolsillo de la camisa y se marchó como pudo. Al rato, cuando iba a cerrar, y mirar el otro número que me quedaba, me dí cuenta que había sumado mal, era dieciseis… y claro en ese momento le agregué una grapa.

Levanté del hilo el último que quedaba, y me lo guardé para mí, vaya uno a saber si no nos hacíamos ricos..!!

Lo que pasó después me lo contó La Tora. El Veto, llegó, arrimó el sillón de totora, y apoyó el respaldo, contra la anacahuita, porque así le daba bien la sombra. Ella se acercó y le reprochó, cuanto había demorado, que la comida estaba lista, y que la iba a calentar, y en cuanto lo llamara, fuera.. Lo único que le dijo El Veto, fué – estuve con El Cuerda, viendo como uno se hace rico…

Con un Burrr, se fué ella a la casa. A la tercera vez, que La Tora lo llamó, se acercó hasta el sillón, y fué cuando vió al Veto, que se había vomitado, todo, camisa y pantalón, y estaba con los ojos abiertos y en blanco.

Salió, corriendo y gritando en busca de ayuda, y cuando vino un vecino, ya era tarde…La Tora le sacó la camisa y limpió la cara de su hermano como pudo, le habló, de que sí que iban a ser ricos, que ella también soñaba, pero que no la fuera a dejar sola, porque ella de carpintería, no sabía nada…y así..así , hasta que llegó la ambulancia, y subieron el vecino y ella acompañando…

Al llegar al Hospital..La Tora todavía apretaba, la camisa sucia entre sus manos, hasta que el enfermero le dijo que la tirara, en el tacho de basura, porque en ese momento podía ver al camión recolector..

Ese día perdí, a un amigo, a un compañero de escuela, a un soñador, a uno que siempre decía que no, y el día que dijo sí, se fué con su Veto.

Hace quince años que me casé.. con La Tora, nunca me gustó como mujer, nunca estuve enamorado de ella,  lo hice porque la conciencia me decía, que yo era el causante en parte, de los vasos panzones, a pesar de todo eso, tenemos un hogar.

Una linda casa en el pueblo, una niña, que va a una Escuela de Hermanas, El Bazar y Ferretería La Traba, El galpón de Barrios, un camión nuevo, se siguieron agrandando, los salones de Loterías y Quinielas con sucursales, y las Peluquerías.

A La Tora, no la llaman más así, ahora es la Sra Matilde, casada con Don Aurelio. Los que saben hacer ” que un peso valga dos”, lo que nunca sabrán en el chismoso pueblo, fué..

 

Que El Cuerda Azul,  sumó mal aquella tarde y que a la semana, tenía mucha..mucha guita…y si la mitad no se hubiera ido en el bolsillo de la camisa, hoy serían tres, los que estarían soñando …Peró callé lo de número y oculté ese regalo que me dió la suerte.


 

Me llamo Marco Aurelio, soy el nieto de Matilde y Aurelio – Marco como mi papá y Aurelio por mi abuelo por parte de madre. Tengo nombre de romano famoso, pero me dicen Piolín, porque soy muy delgado algo, más que un hilo.

En mi familia de chicos todos tienen apodos.  Pero no es esto, de lo que quiero hablarles. Quiero hacer algo bien , honor a mi Piolín y atar este paquete de una buena vez .

Me encontré este cuaderno de mi abuelo, entre libretas, y recibos de todas clase, creo que después que escribió todo,  lo olvidó. Los Tatas, hace tiempo que se dedican a hacer negocios con Dios, en el Cementerio .

Lo que quiero es redondear la historia. Lo que no supo el pueblo, ni tampoco mi abuelo , fué que la camisa de Veto, la revisó La Tora, antes de tirarla, y sacó el número de lotería del bolsillo, y esperó entre lágrimas el sorteo, por si acaso.

Como se le dió ganar,  se fué a la capital, lo cobró y al otro día estaba de vuelta, sola, asustada, indefensa, pero rica.. rica..

Esto se lo contó a mi madre siendo,  ya viuda, y le dijo que hay un campo arrendado , en otro departamento, que es nuestro, mostrándole los papeles, y  que colocó el dinero así,  porque sabía que el Cuerda, nunca la quiso como mujer, como compañera no más.

Que ella sabía que habían estado bebiendo grapa  por el olor que traía el Veto y que el Tata estaba muy arrepentido… y pagó por eso .

Mamá asombrada, le preguntó  – porqué lo había aceptado, si ella era rica?… y la Tata, con esa sonrisa cínica, cerrando los ojos, que parecían que se perdían en el rostro, cuando quería convenser a los otros, le contestó:  -No quería que supieran que era rica, y con la cara y el cuerpo que yo tenía, no iba a ir muy lejos.. y lo único lindo  es que era muy sanita…La Torita de la familia.. ..Agregando..parafraseando..

“Que  el matrimonio fué como  un juego,  en patio de escuela ,a la escondida, a ver quien sacaba… la lotería…”

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